La historia de Sansón y Dalila

Cuenta la biblia que Yahveh (Dios), como castigo por la adoración a Baal y Astarté (divinidades paganas), entregó al pueblo de Israel en manos de los filisteos. Sin embargo, Dios termino apiadándose de ellos y les envió un héroe que los liberara; así nacía Sansón, dueño de una fuerza sobrehumana.

Ya adulto, y por voluntad de Yahveh, Sansón se enamoró de una mujer filistea y se casó con ella. Vanidoso como era, durante el banquete, hizo una apuesta con treinta hombres filisteos: si adivinaban la solución a un acertijo, les daría treinta túnicas y vestidos. En caso contrario, ellos le darían el mismo premio.

del que come salió comida, y del fuerte salió dulzura.
Acertijo de Sansón a los filisteos(14:14)

Éstos, incapaces de hallar una solución, extorsionaron a la esposa de Sansón para que les diera la respuesta.

consigue que tu marido nos descifre la adivinanza. De otro modo, tú y tu familia seréis pasto de las llamas.
Los filisteos a la esposa de Sansón(14:15)

Ella (cuyo nombre nunca se menciona en la biblia), imploró a su marido que le demostrara su confianza contándole la solución al acertijo, prometiéndole que guardaría el secreto. Finalmente, Sansón, aburrido tras 7 días de llantos y súplicas, cedió: la solución era la miel.

Cuando la esposa hubo consumado su traición y los filisteos le dieron la respuesta, Sansón se enfadó con ella y la abandonó durante algún tiempo. Para su sorpresa, al regresar, su suegro ya la había entregado a otro hombre. Iracundo ante el desaire, Sansón cazó a trescientas zorras y les prendió fuego en la cola, liberándolas en los campos de los filisteos, que fueron pasto del fuego. Se había ganado poderosos y fatales enemigos.

Tras escapar de algunas emboscadas gracias a su prodigiosa fuerza, llegó al valle de Sorec donde se enamoró de una mujer llamada Dalila. Los príncipes filisteos, frustrados por no saber cómo acabar con Sansón, prometieron a la mujer ingentes cantidades de plata si ella les desvelaba el origen de su fortaleza. Dalila, bella y ambiciosa como ninguna, consiguió que su amante se sincerara con ella: si se cortaba la melena, perdería su fuerza. Aquella misma noche, Dalila lo traicionó, cortándole sus hermosas trenzas. Al despertar Sansón, fue atacado por los filisteos, que lograron vencerlo. Sin querer darle el alivio de una muerte rápida, le arrancaron los ojos y lo ataron a las columnas de su templo pagano. Aquella misma noche, más de tres mil filisteos acudían al templo para honrar a su Dios Dagón y contemplar con burla al humillado personaje que otrora fue el azote de su pueblo. Sin embargo Sansón, dolido e furibundo, imploró a Yahveh que le diera fuerzas una última vez. Así lo hizo Dios, y Sansón derribó las columnas a las que lo habían atado, derrumbando el templo sobre sí mismo y sobre sus enemigos. Había acabado con la tiranía de los filisteos.

Solomón Joseph Solomón: Sansón (1887, óleo sobre lienzo, 244 x 366 cm, Walker Art Gallery, Liverpool).

Análisis del cuadro de Solomon Joseph Solomon: “Sansón” (1887)

Este cuadro de Solomon rompe con su antecesor Rubens, éste retrataba a un Sansón mucho más calmado, sosegado, en una aparente clama tensa. Sin embargo, el Sansón de Solomon es brutal, parece salirse del cuadro, sobre todo por el personaje que está de espaldas arqueándola,. Son necesarios varios filisteos para poder sujetarlo, acaban de cortarle el pelo y la escena se representa con toda la fuerza empleada por este personaje, en tensión, con furia explosiva, y la vista clavada en Dalila que, en un segundo plano se encuentra sonriendo mostrando los cabellos recién cortados, queriendo demostrar que le ha engañado y ha salido impune de la refriega. Él, intentando escapar, forzando la postura, las venas del cuello en tensión, al igual que cada uno de sus músculos, como los de aquellos que hacen un esfuerzo sobrehumano por apresarlo y mantenerlo sujeto.

Tras la puerta del fondo, podemos ver el famoso relieve asirio de la leona herida, una de las joyas del Museo Británico, que sin duda Solomon debía conocer y bien puede representar anímicamente como se siente Sansón en esos momentos: herido, con una herida del corazón, de esas que no cura ni el tiempo, ni siquiera el Dios al que venera.