Como el mismo título que hace referencia a este cuadro del pintor portugués Francisco Augusto Metrass: “Solo Dios” es capaz de hacerse presente en las plegarias de esta joven madre que se aferra con desesperación a un tronco partido, encajado entre rocas, y que parece ser su único punto de apoyo tras una poderosa corriente que intenta llevársela hacia delante con todo lo que surge a su paso. La mujer, semidesnuda por la fuerza desatada por el agua, parece totalmente agotada, pero aún así no suelta a su hijo, que también desnudo, tira de los cabellos de su madre, asustado, a modo de sujeción.

Francisco Augusto Metrass: So Deus! (Solo Dios) - 1856

Hay algunos detalles que merece la pena destacar, como la verdina de las rocas. La pose de la mujer, por otra parte, no puede ser más expresiva; con la cara alzada hacia atrás, extenuada, intenta por todos los medios no ser otra víctima más de lo que supongo fue el origen de este cuadro, el maremoto ocasionado por el terremoto producido en Lisboa el 1 de noviembre de 1755 y cuyo epicentro, a 300 km de la ciudad, produjo un terremoto de nivel 9 en la escala de Richter. Un terremoto de tal magnitud que causó la muerte de más de 60.000 personas, pues entre otras causas derivadas de este gran desastre, le sucedieron tres grandes tsunamis de entre 6 y 20 metros de altura. Además, al ser el 1 de noviembre un día festivo (día de todos los Santos), la mayoría de iglesias y centros religiosos estaban decorados con velas y lámparas, siendo éstas las causantes de los incendios que arrasaron las partes de la ciudad donde el maremoto no había hecho estragos. Este incendio, unido a las grietas abiertas tras el terremoto, causaron la destrucción del gran parte de la ciudad.

Agua y fuego, dos fuerzas naturales contrapuestas que en esta ocasión se aliaron para permanecer grabadas en los anales de la historia de Portugal como el mayor desastre natural.