El Dr. Karl TanzlerEl Dr. Karl Tänzler (1877-1952) fue un radiólogo alemán que emigró a EEUU durante la I Guerra Mundial para desarrollar su carrera médica en el Hospital Militar de Cayo Hueso, en Florida.

Desde su infancia, Tänzler afirmaba que era visitado en sueños por una supuesta antepasada suya ya fallecida, una tal condesa Anna Constantia von Cosel, quien le reveló las características físicas del que debería ser el amor de su vida: una «exótica mujer de cabellos negros».

María Elena Milagros HoyosCierto día de 1930, una paciente aquejada de tuberculosis acudió a su consulta para realizarse una serie de radiografías relacionadas con su enfermedad. Su nombre era María Elena Milagro Hoyos (1910-1931), estadounidense de origen cubano, y su tipología física: mujer de tez morena y larga melena negra. Al verla, Tänzler se enamoró de Elena al instante, había encontrado al amor de su vida que predijo su familiar fallecida. Todo cuadraba.

El doctor, que trató con inútiles radiaciones de Rayos X a Elena durante su último año de vida, pese a que era 33 años mayor que ella y que además ésta estaba casada, se dedicó a declararle su amor incondicional agasajando a la chica con regalos frecuentes, entre los que se encontraban joyas y ropa. No se conocen evidencias de que Hoyos correspondiera ese amor. Por lo menos mientras estaba viva…

A pesar de que Tänzler puso todos sus esfuerzos, Elena falleció en 1931 debido a la tuberculosis que sufría. Karl quedó totalmente desolado por la muerte de su amada. Tanto que se ofreció a pagar su entierro y a construirle un Mausoleo en el cementerio de Cayo Hueso. Mausoleo que visitó todas las noches durante dos largos años. Hasta que un día no pudo aguantarse más. Cogió una carretilla de las utilizadas por los jardineros del cementerio, cargó en ella el cadáver de su enamorada y se lo llevó a su casa.

Después de dos años, el avanzado estado de putrefacción del cuerpo era más que evidente. Pero esto no desanimó a nuestro querido doctor. Unió sus huesos con alambre y perchas; sustituyó sus inexistentes ojos por bolas de vidrio; reemplazó las partes donde ya no quedaban tejidos por plásticos, trapos y yeso; y le colocó una peluca que había pertenecido a la propia Elena, que estaba confeccionada por cabellos de la chica, y que le había regalado la madre de ésta como agradecimiento por pagar el funeral. Siguió comprándole ropa y joyas para mantenerla de la forma más parecida a como la había conocido, y además, creó un método, sirviéndose de un tubo metálico, para poder mantener relaciones sexuales con ella.

El estado del cadáver de María Elena Milagros Hoyos cuando fue encontrada por la policiaSiete años transcurrieron hasta que una hermana de Elena irrumpió en casa del doctor, alertada por una serie de rumores, y encontró el cadáver de su hermana. Debido a que las leyes de entonces no contemplaban que alguien pudiera robar un cadáver para vivir con él, Tänzler salió en libertad sin cargos. Pero si hasta aquí la historia ya es de por sí bizarra, lo que ocurrió a continuación lo es todavía más. Las autoridades, en vez de, lógicamente, devolver a Elena a su lugar de descanso, tomaron la extraña decisión de exponer el cuerpo al público, y casi 7.000 personas fueron a visitarlo.

Aunque la mayoría de la gente consideró la historia como obscena y depravada, otros muchos trataron al doctor como un romántico algo excéntrico. Hay gustos para todo.