A colación del interés que ha despertado en mí las nuevas noticias acerca de Lady Di, he dado con esta historia de Lady Diana Spencer, pero no la del siglo XX, sino otra que vivió y sufrió hace casi tres siglos.

Lady Diana Spencer, la del siglo XVIII, también era alta y bella; gustaba de la música y las artes en general, y brillaba por su inteligencia. Su alcurnia le había proporcionado todo lo necesario para ser una esposa perfecta para cualquier aristócrata o persona relevante de la época, pero su abuela tenía otros planes para ella.

Tristemente, creció como una niña sombría y apagada, carente del afecto de familiares o seres queridos. A ambas Diana, las uniría el parentesco: una, nacida en 1710 y otra, que sería muchísimo más conocida, nacida en 1 de julio de 1961.

Bernard Lens: Diana Spencer con sus hermanos Charles y John (1720).Diana, la antepasada, era la menor de cinco hijos. Su padre fue el conde de Sunderland, un hombre frío, sin ninguna capacidad para demostrar sentimientos hacia su familia; la flema británica llevado al máximo. A Diana también la llamaban la pequeña Di. Tristemente, perdió a su madre cuando sólo tenía seis años. En contraposición, la madre de la Diana del siglo XX, no murió, pero su divorcio también provocó un cierto alejamiento de su hija. El padre de la antigua Spencer, volvió a casarse en segundas nupcias, aunque desgraciadamente, todos los hijos murieron y cuando Diana apenas contaba con doce años, no le quedaba ningún hermano o hermanastro. Aquella soledad, unida al sentimiento de pérdida, fue rematada por la frialdad de un padre que, quizás debido también a la perdida de sus hijos, no brindó a la adolescente Diana las muestras de cariño que tanto necesitaba.

La pequeña Di quedó entonces al cuidado de su abuela, la duquesa Sarah Churchill que, tras el fallecimiento de su marido, el duque de Malborough, decidió dedicarse a la pequeña. Por suerte para Di, se trataba de una de las mujeres más poderosas de Inglaterra y amiga cercana de la reina Ana.

Pero es ahora, cuando empieza lo curioso de esta historia. La abuela, que consideraba a la muchacha su nieta preferida, empezó a trazar planes de boda y se esforzó en moldear su carácter con este objetivo, convirtiéndola en una joven compasiva, fiel y de buen corazón.

Si combinamos estas cualidades con la belleza, el dinero y las relaciones influyentes de las que gozaba su familia, hicieron que se convirtiera en la novia más codiciada de toda Inglaterra. No obstante, muchas propuestas de matrimonio fueron rechazadas, principalmente porque su abuela tenía el punto de mira, a un pretendiente concreto: Federico, el príncipe de Gales y futuro rey de Inglaterra.

;aria Verelst: La duquesa de Malborough y Diana Spencer

Federico y Diana, después de que el primero ofreciera a la abuela, la duquesa de Malborough, una ingente cantidad de dinero, iniciaron los trámites para casarse en una boda secreta. Desgraciadamente, uno de los espías del primer ministro (Robert Walpole), desveló el ardid y presionó para que no se llevara a cabo. Después de todo, el gobierno ambicionaba casar a Federico con la princesa Augusta de Sajonia, noble de un ducado del sacro imperio romano germánico. Esta unión resultaba más afín a los intereses de Inglaterra. Aún así, Federico no se casó con Augusta. Es más, ni siquiera llegó a ser rey, pues murió antes que su padre.

Pero nuestra lady Di, no dejó que siguieran interfiriendo en su vida y acabó casándose con alguien de su elección: lord John Russell, convirtiéndose así en la duquesa de Bedford. Durante un tiempo parecía que todo iba bien, pero el infortunio seguía tras ella…

A raíz de un accidente en un carruaje, su primer hijo nació prematuro y murió un día antes de su bautizo. El segundo no alcanzó a nacer, lo que provocó una presión extra por parte del duque para conseguir un heredero. En 1735 se volvió a quedar embarazada, pero en vez de ganar peso empezó a perderlo rápidamente. Tenía tuberculosis y la enfermedad se la acabó llevando a la tumba ese mismo año. Lady Diana apenas había cumplido los 25 años.

30 años después de su muerte, en 1765, el rey Jorge III creó el título de conde de Spencer. Como curiosidad, desde el primer conde hasta el octavo, nunca le pusieron Diana una niña y, ¿adivináis quien fue la primera? En efecto, la de 1961, la lady Di que muchos conocimos.