Muestran las divinidades antiguas virtudes y, sobre todo, defectos morales, que los hacen no solo interesantes (¿acaso habría interés en la perfección moral?) sino atemporales. ¿Y qué mejor ejemplo de esto que la historia del mito del rapto de Perséfone? Amor, traición, redención… y cierta reminiscencia al síndrome de Estocolmo.

La historia del mito de del rapto de Perséfone (Proserpina)

La deidad de la vida en la mitología griega, era una hermosa joven, de mirada dulce y tez delicada, llamada Perséfone (hija de Zeus y Deméter, también conocida como Proserpina en la Antigua Roma). Un día, se encontraba ésta paseando junto a un grupo de ninfas, cuando de pronto Hades, hermano de Zeus y Dios del infra-mundo, locamente enamorado de la muchacha y haciendo gala de esa pasión tan egoísta que rezumaban los Dioses clásicos, surgió de las profundidades de la tierra y la raptó, convirtiéndola en la reina del Inframundo. Esta súbita desaparición sumió a Deméter, su madre, considerada Diosa de la agricultura y reina de la fertilidad de la tierra, en una profunda tristeza. Obvió sus obligaciones como Diosa para buscar a su hija, lo que provocó que los campos se convirtieran en tierras áridas y los árboles se secaran. Allá por donde llevaba su pena, convertía el lugar en desierto. Como era de esperar, aquel episodio tuvo nefastas consecuencias para los humanos quienes, sin cosechas con las que alimentarse, empezaron a perecer.

Zeus, preocupado por lo que estaba sucediendo en la tierra y sintiéndose culpable (de nuevo, las emociones humanas de los Dioses griegos) por no haber hecho nada para detener a su hermano Hades, aún a sabiendas de su impetuoso carácter y de que se había enamorado de su hija Perséfone, le exigió que liberara a la muchacha del reino de las tinieblas y la devolviera a los brazos de su madre. Sin embargo, el Dios padre, pese a su poder y a diferencia del Dios cristiano, no era omnipotente y fue incapaz de doblegar del todo a su hermano. Al parecer, éste accedió a ponerla en libertad si, mientras recorría el camino de regreso desde el inframundo, Perséfone no probaba ningún alimento. No obstante, la muchacha teminó comiendo 6 semillas de una granada del inframundo. Este punto, resulta controvertido, pues hay quien afirma que lo hizo voluntariamente, tal vez enamorada de su captor, y otros, sin embargo, que Hades la engañó para que lo hiciera. Sea como fuere, al romper la condición que se le impuso, Hades la condenó a permanecer seis meses a su lado en las tinieblas y seis meses junto a su madre. Y esta alternancia es lo que, según la mitología, provoca el ciclo de las estaciones: durante seis meses la tierra (en primavera y verano) es fértil, los árboles dan frutos, las matas florecen hermosas y los campos demuestran su naturaleza y esplendor. Por otra parte, durante los otros seis meses, cuando Perséfone debe bajar junto a Hades para reinar en las tinieblas, los árboles y las flores pierden su brillo, y la tierra su esplendor; son los meses de otoño, invierno. Perséfone pasó así a ser la deidad de la vida, pero antagónicamente, también la de la muerte y la destrucción.

Este mito no solo explica el origen de las estaciones del año y las condiciones climáticas en nuestro planeta, sino es también una representación de la antítesis entre lo divino y lo carnal, entre la inocencia y la perversidad, e incluso entre el machismo y el feminismo, entendiendo este último como la legitimidad de la mujer de decidir sobre el destino de su vida. En este sentido, es el mito del rapto de Perséfone, una hipérbole de muchas otras tradiciones que, como rito previo a un matrimonio, el hombre debe raptar, de forma más o menos simbólica dependiendo de la época y el lugar, a la que será su mujer.

El rapto de Perséfone en el mundo del arte

En el mundo del arte, han sido numerosos los artistas, de varias épocas, quienes han representado este mito. Después de todo, es un tema especialmente atractivo, con varias interpretaciones, muchos personajes y diferentes escenarios, desde el mundo de los muertos, al Olimpo pasando, como no, por el lugar terrenal donde habitamos los humanos.

Sin embargo, a mí modo de ver, la obra más excelsa y quizás también la más famosa, sea esta apoteósica escultura barroca de Bernini, usando una estructura dinámica en espiral. Pero sobre todo, esa forma de representar la carne con el mármol es, sencillamente, mágica.

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