Todos los viajeros que han recorrido en automóvil la vieja carretera que conduce al pueblo de Rennes-le-Château (Francia), coinciden en lo mismo: La Torre Magdala, famosa en la región por el enigma que le rodea, tiene un aspecto desconcertante en medio de los difusos perfiles del pueblo a sus pies. Se trata de una construcción inexplicable, de aspecto neogótico, que se asoma al vacío del valle del Aude y Sals, en pleno paisaje del Languedoc, a unas dos horas por carretera del Pirineo catalán. Por supuesto, la mayoría de los viajeros que se aventuran a la ruta lo hacen por el mismo motivo y la vista de la enorme torre no es sino uno de los tantos enigmas en la mítica travesía cuyos misterios han llevado a viajeros de todo el mundo a recorrerla durante casi dos siglos. Eso, a pesar que Rennes-le-Château es un lugar aislado, azotado por vientos helados y tan empobrecido, que resulta difícil imaginar su antigua grandeza. Con todo su aire tétrico y levemente inquietante, el pueblo de Rennes-le-Château parece simbolizar un tipo de enigma que aún cautiva la imaginación popular: no sólo tiene el dudoso honor de ser el centro de un misterio inexplicable, sino además su iglesia es una de las pocas en el mundo que conserva entre sus paredes, la efigie del demonio Asmodeo. Entre ambas cosas, el pueblo de Languedoc es sin duda, un misterio dentro de un misterio.

Torre de Magdala, en Rennes-le-Château (foto de Ipernity).

Por supuesto, no se trata de algo casual: durante más de cinco siglos, la región ha estado rodeada de todo tipo de fantásticas leyendas que le señalan como el guardián involuntario de una serie de extraordinarios secretos y tesoros. Según cientos de versiones de leyendas y tradiciones locales, tanto las ruinas de la Torre Magdala como la iglesia de piedra, ocultan objetos de enorme valor histórico. Los rumores — que han perdurado tanto como para resultar apasionantes por el mismo hecho de su longevidad — insisten en que la tranquilidad ultraterrena del pueblo disimula el lugar de descanso de lo podría ser “el secreto más importante de la cristiandad”. No obstante, hasta ahora ha sido imposible no sólo verificar la existencia de algo semejante sino incluso, la mera razón histórica que sostiene una leyenda tan extravagante alrededor de un lugar como la vieja templo de la zona.

Orígenes del misterio de Rennes-le-Château

Con toda probabilidad, el enigma que rodea a Rennes-le-Château tiene su origen en la época Romana. Se dice que luego que los soldados bajo el mando del emperador Tito al destruir el Templo de Jerusalén en el año 70 de nuestra era, encontraron un tesoro de incalculable valor bajo el suelo sagrado, al parecer enterrado en la tierra por el mismísimo Rey Salomón y que no era otra cosa que el Arca de la alianza y las Tablas de la Ley de Moisés. Asombrados por el hallazgo, decidieron transportar las misteriosas reliquias a Roma y aunque ningún historiador o cronista de la época detalla que pudo haber encontrado la soldadesca bajo las ruinas del Templo judío, todo parece indicar que se trató de un hallazgo de tal importancia como para sorprender a la curtida miembros de la legión y convencerles que se trataba de objetos de incalculable valor. Al llegar a Roma, el tesoro quedó bajo la custodia del Emperador y del Imperio hasta el año 410 d.C., cuando los visigodos saquearon Roma y robaron el que ya solía llamarse en rumores de todo tipo “El Tesoro del Templo”. Dos años después, las tropas al mando de Alarico desembarcaron en las Galias, aún con el portentoso botín a cuestas. Es entonces cuando la historia y la leyenda se mezclan en una confusa historia que parece sugerir que Alarico decidió permanecer en la región de Rennes-le-Château para proteger el tesoro que aún formaba parte de sus botín de batalla. La leyenda sugiere que incapaz de seguir transportando de un lado a otro lo que se llamaba “el sagrado cargamento” decidió permanecer en la inestable región para protegerlo. Un general hizo escavar una enorme construcción subterránea en la que depositó el tesoro con la intención de resguardar las reliquias del peligro de ataques y guerras. El paisaje agreste e inhóspito de Rennes-le-Château parecía ser el lugar ideal no sólo para ocultar un tesoro de tal magnitud sino además de protegerlo de la curiosidad ajena. Para marcar el lugar en que se escondía el tesoro, se construyó una primitiva torre de piedra y a su alrededor, una construcción de piedra que tenía por única utilidad proteger a los custodios del tesoro

Tras la llegada de las tropas visigodas a Rennes, transcurrieron casi dos siglos de paz relativa en que la supuesta existencia de un tesoro enterrado bajo la tierra se volvió parte de las habladurías populares. Se comentaba la existencia de destellos de luz misteriosos a mitad de la noche y extraños cambios de temperatura alrededor de las primitivas construcciones levantadas por las tropas visigodas, que continuaban resistiendo con relativa firmeza el paso del tiempo. Con el paso de las décadas, la existencia de un tesoro fabuloso que los antiguos invasores protegían con enorme ferocidad, se hicieron tan frecuentes como para convertir al pueblo y sus alrededores en un enigma en sí mismo.

En el siglo VI la región fue invadida de nuevo, esta vez por los merovingios, dinastía descendiente de Meroveo, jefe militar franco y cabeza visible de la antigua provincia romana de Bélgica Segunda. De inmediato, Rennes le Chateau se benefició de la cultura sofisticada de los recién llegados y se convirtió en una región famosa por sus riquezas, mucho más cuando el rey Dagoberto II contrajo matrimonio con la princesa visigoda Gizelle de Razas. La unión entre ambas cabezas coronadas llevó a Rennes-le-Chateau al cenit de la riqueza: los rumores sobre un tesoro fabuloso escondido en las colinas del pueblo y sobre todo, bajo la antiquísima torre de Magdala se hicieron más insistentes, aunque nadie pudo jamás encontrarlo ni mucho menos indicar, el lugar en que podría estar escondido una reliquia tan fabulosa como extravagante.

Con el paso del tiempo, el esplendor de Rennes le Chateau decayó y cinco siglos después de la llegada de los Merovingios, el antiguo pueblo se había convertido en una región desolada por la pobreza y el olvido. No obstante, la leyenda logró de algún modo sobrevivir y se insiste que fue justamente, los rumores sobre los fabulosos tesoros escondidos entre la tierra seca y pedregosa del pueblo, lo que atrajo al sacerdote François Bérenger-Saunière a la sacristía de la antigua Iglesia, convertida para el año 1891 en una edificio maltrecho y destrozado por los estragos de la humedad. Llevado por lo que parece ser un claro afán de descubrimientos, el recién llegado Saunière encomendó a un grupo de albañiles la reconstrucción del interior del templo y la excavación de los terrenos que le rodeaban. Y para sorpresa de buena parte de los descreídos lugareños, no tardó en encontrar algunos indicios que los insistentes rumores sobre los tesoros escondidos en Rennes le Chateau podían ser ciertos: según el testimonio de dos de los obreros que participaron en aquella restauración, el grupo de trabajadores encontró una lápida medieval cubierta de inscripciones que nadie pudo traducir, además de serie de objetos de oro y plata de indudable valor. Tras el descubrimiento, el sacerdote tomó las reliquias y partió a Carcassonne para comunicar al Obispo la noticia. Nadie puede decir con seguridad que ocurrió durante la visita del sacerdote a Carcassonne y mucho menos, el motivo por el cual el viaje continuó a París y se prolongó durante tres semanas. O por cual razón Saunière visitó con frecuencia el Museo de Louvre, llevando transcripciones de lo escrito en la lápida. Lo que sí es un hecho comprobable es que una vez que regresó a Renne le Chateau, los vecinos comprobaron que el Sacerdote había cambiado: De hombre misterioso y comedido, se volvió una figura obsesionada con los alrededores de la Iglesia. Pronto la reconstrucción de la Iglesia se volvió una obra de lujo fabuloso, sin que nadie pudiera aclarar de dónde provenían los fondos de los que disponía Saunière. De los escasos recursos dispuestos por el Obispo para las labores de albañilería, el proyecto se convirtió en una obra que abarcó un nivel de suntuosidad desconcertante. Saunière compró los terrenos que rodeaban a la iglesia, así como otros tantos que se elevaban al norte de las colinas. Además, levantó una fastuosa Mansión que bautizó con el intrigante nombre de Villa Bethania y reconstruyó la viejísima torre primitiva, creando una biblioteca interior que llamó “Magdala”.

Villa Bethania, en Rennes-le-Château

¿Encontró Saunière el Tesoro del Templo?

Para Saunière, las reformas al viejo templo del pueblo se convirtieron en una obsesión a la dedicó buena parte de su vida, hasta convertir el edificio en una extravagante iglesia plagada de símbolos atípicos y con cierto aire pagano. No obstante, lo más sorprendente no fue sólo su insistencia por dotar a la Iglesia de un aire decididamente inquietante sino además añadir a la entrada del templo lo que es quizás el objeto más inexplicable de los muchos que llenan el lugar: la efigie de un demonio de cuerpo retorcido y enormes ojos vigilantes sostiene la pila bautismal y así, fue el objeto más visible en la abigarrada fachada, hasta que un ataque vandálico lo destruyó de manera parcial. Y aunque no hay un sólo documento que indique el motivo por el cual Saunière incluyó en su mayor proyecto una obra semejante, la leyenda a su alrededor indica que el sacerdote tenía una intención muy clara al hacerlo. En más de una ocasión, se ha señalado que la escultura representa al demonio Asmodeo, que según el Talmud, construyó bajo las órdenes del Rey Salomón el antiguo Templo de Jerusalén. Una inquietante insinuación de un enigma escondido bajo la nada hospitalaria inscripción que Saunière: «Terribilis Est Locus Iste» («Este lugar es terrible»).

Escultura del demonio Asmodeo, en la iglesia de Rennes le Château.

¿Qué encontró Saunière en los alrededores de Rennes Le Chateau? ¿Tropezó con el fabuloso tesoro traído a la región por los visigodos o como sugiere alguna otra versión, con algo incluso más siniestro? Lo más probable es que jamás sea posible comprobar si la leyenda alrededor de la región es cierta o no, como tampoco la naturaleza del tesoro que convirtió a un sacerdote de provincias en un extraño mecenas enigmático. Como si se tratara de un curioso círculo de secretos y verdades medio reveladas, la presencia del demonio a las puertas de la vieja iglesia parece sugerir que aún, el mayor de sus misterios continúa siendo tan real e inexplicable como hace siglos atrás.