Susana y los viejos es uno de los capítulos bíblicos (capítulo 13 del Libro de Daniel) más representados pictóricamente durante el Renacimiento y el Barroco. En él se narra una historia donde el voyeurismo, la perversión y el drama dan lugar a todo un culebrón bíblico.

Y a pesar de que han sido muchos los autores que han abordado tan fascinante episodio, me parece especialmente destacable la famosa obra de Artemisia Gentileschi (1593 – 1654), tanto por propia la calidad de su obra como por las circunstancias que rodearon la vida de esta pintora.

La historia bíblica de Susana y los viejos

Susana era la hermosa y devota mujer de Joaquín, un rico comerciante judío. Éste, muy respetado en la sociedad de su época, recibía con frecuencia la visita de dos viejos jueces de la comunidad. No obstante, lo que el matrimonio no imaginaba es que los dos ancianos estaban prendados por la hermosura de Susana y ansiaban, por encima de todo, poseerla. Aún así, vivían tan avergonzados por sus propios deseos, que ninguno osaba revelarle al otro el impulso de su tormento. Quiso el destino (o Dios, pues en religión pueden llegar a ser lo mismo) que en una ocasión, al despedirse ambos tras una de sus muchas visitas, y sin más impulso que la lujuria, regresaran sobre sus pasos. Al descubrirse el uno al otro, se sinceraron, y decidieron aunar esfuerzos para satisfacer sus deseos carnales con Susana.

Un buen día, la vieron entrar en el jardín de su marido para darse un baño. Escucharon como mandaba a sus criadas a buscar aceites y perfumes y, en ese momento, mientras se desnudaba, decidieron aprovechar la oportunidad para chantajearla. La exhortaron a acostarse con ambos o, en caso contrario, dirían que había echado a sus criadas para verse con un joven, y ellos, testimonio de tal deleznable acto, la acusarían de adulterio (delito que, para las mujeres, por aquel entonces, se pagaba con la muerte). Les salió el tiro por la culata a los depravados, pues la honrada mujer decidió enfrentarse a la muerte antes que ser infiel a su marido.

El juicio fue una farsa y los viejos no tardaron en condenarla a muerte. Susana, desesperada, imploró a Dios y éste acudió en su ayuda. Para ello, habló a través de Daniel, que por aquel entonces no era más que un niño, pero llegaría a ser profeta. El muchacho llamó por separado a los dos viejos y les preguntó bajo qué árbol la habían visto retozando con el misterioso joven. «Bajo una acacia» contestó uno de ellos. «Bajo una encina», afirmó el otro. El engaño, estaba descubierto.

Ambos ancianos terminaron sus días lapidados por haber levantado falso testimonio contra una inocente.

Pintura de Artemisa Gentileschi, Susana y los ancianos (1610)

La obra de arte de Artemisia Gentileschi:
Susana y los viejos

En ésta, su ópera prima, de la que por cierto, dicen algunos que fue elaborada con ayuda de su padre (también pintor), Gentileschi apenas muestra la influencia del dramatismo barroco de Caravaggio, con el que luego dotaría a muchas de sus obras. En su lugar, tanto el estudio anatómico, como el contraste de colores y la estructura piramidal donde Susana, con gestos que de tan expresivos resultan histriónicos, recuerdan a obras de otro excelso artista con el que también estaba familiarizada: Miguel Ángel.

Prescinde también de aquello no es esencial para reflejar la escena del baño. No aparecen aquí las joyas, propias de su condición de mujer adinerada, ni el propio jardín donde acude a bañarse, que en la Biblia se describe como magnífico.

Finalmente, y tal vez por el mero hecho de ser mujer, la representación anatómica de Susana resulta mucho más realista, alejada de otras representaciones más ideales que del cuerpo femenino realizaban algunos de sus coetáneos.

La violación de la pintora Artemisia Gentileschi

Esta es la primera obra de la autora tenebrista, a menudo considerada la primera pintora de la historia, y resulta especialmente significativa, pues algún tiempo después de haberla finalizado tuvo que hacer frente a ciertos embistes de la vida que guardan más que reminiscencias con la historia de Susana. Artemisia fue violada por Agostino Tassi, su profesor de dibujo. Ante el escándalo, Tassi prometió casarse con ella (una forma singular de reparar el daño en la sociedad de la época), pero más tarde se desdijo de su palabra y el padre de Artemisia lo denunció ante un tribunal papal.

Durante el transcurso del proceso, de más de siete meses, Artemisa llegó a ser torturada para corroborar la veracidad de sus afirmaciones. Finalmente, se descubrió que Tassi había planeado el asesinato de su esposa, cometió incesto con su cuñada e intentó robar varias pinturas del padre de Artemisia, Orazio Gentileschi. Extrañamente, ante semejantes crímenes, tan solo fue condenado a un año de prisión y al exilio de los estados pontificios.

Autorretrato de Artemisia Gentileschi

Del proceso en cuestión ha quedado cuantiosa documentación, destacando especialmente el desgarrador testimonio de la propia Artemisia:

Cerró la habitación con llave y una vez cerrada me lanzó sobre un lado de la cama dándome con una mano en el pecho, me metió una rodilla entre los muslos para que no pudiera cerrarlos, y alzándome las ropas, que le costó mucho hacerlo, me metió una mano con un pañuelo en la garganta y boca para que no pudiera gritar y habiendo hecho esto metió las dos rodillas entre mis piernas y apuntando con su miembro a mi naturaleza comenzó a empujar y lo metió dentro. Y le arañé la cara y le tiré de los pelos y antes de que pusiera dentro de mí el miembro, se lo agarré y le arranqué un trozo de carne.

Artemisia Gentileschi. Testimonio en el juicio de su violación

Si queréis conocer más sobre la vida de esta fascinante artista, os recomiendo un par de libros; el primero es una biografía y el segundo trata sobre la correspondencia derivada del proceso judicial al que fue sometida por haber sido violada:

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